Información no financiera

El nuevo contexto de la información no financiera

Vivimos en un entorno con nuevas exigencias sociales y cambios vertiginosos. Entender este contexto es esencial para calibrar el impacto futuro de la información no financiera para las empresas.
Las grandes megatendencias marcarán el rumbo de los negocios del futuro. Cambios demográficos, con una población envejecida, y mayor asimetría en el reparto de riqueza. Cambios en el poder político, con la irrupción del populismo y de las “fake news” que erosionan la confianza. Cambios tecnológicos que conducen a una nueva revolución industrial 4.0, con grandes avances en inteligencia artificial, Internet de las cosas o blokchain. Cambios provocados por el cambio climático y la escasez de recursos, ante una demanda creciente de alimentos (+35%), energía (+50%) o agua (+40%).   

En este contexto de continua transformación, los inversores han comenzado a incorporar la preocupación por los aspectos sociales, medioambientales, éticos y de buen gobierno que afectan a las empresas, lo que han dado en llamar aspectos ESG (Environmental, Social and  Governance).

Se aceleran las iniciativas ESG en el ámbito financiero.

El mundo financiero y los mercados de capitales, se muestran cada vez más sensibles y activos a la hora de valorar los aspectos ESG e incorporarlos en su gestión. Crece la inversión responsable con criterios ESG. Hay ya más de 2.300 firmantes de los Principios de Inversión Responsable (PRI) que gestionan más de 86 billones de dólares de activos.

Está en marcha un plan de finanzas sostenibles de la Unión Europea.  Europa necesita cubrir un déficit de inversión anual de 180.000 millones de euros para lograr los objetivos propuestos en materia de clima y energía de aquí a 2030 ó 270.000 millones si incluimos energía, transporte, residuos y agua. La UE se ha fijado un plan para redirigir los flujos de capital hacia inversiones sostenibles. Para ello se propone desarrollar una taxonomía para las actividades sostenibles, normas y etiquetas aplicables a los productos financieros verdes (por ejemplo, los bonos verdes), obligación de los inversores de integrar los aspectos ESG en sus carteras, elaborar parámetros de referencia en sostenibilidad (benchmarks) o integrar la sostenibilidad en las calificaciones crediticias, entre otros.

Aumenta la financiación y la inversión verde.

Hay apetito inversor para la financiación con impacto positivo en el medio ambiente y la sociedad. Proliferan iniciativas como lo bonos verdes, bonos sociales, bonos azules, bonos para los ODS o prestamos verdes, que aunque todavía representan un porcentaje limitado de la emisión de bonos total, muestran crecimientos anuales de más del 50%.

Se aprueban los Principios de Banca Responsable.

Estos principios han sido desarrollados por la Iniciativa Financiera del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP FI), con el impulso de grandes bancos de todo el mundo. Los bancos adheridos al nuevo marco deberán adaptar sus diferentes áreas de negocio a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de ONU, entre los que figuran erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos, así como al Acuerdo de París sobre el cambio climático. Estos principios establecen el punto de referencia global de lo que significa ser un banco responsable, y proporcionan orientación sobre cómo lograrlo, integrando esos objetivos a largo plazo en la actividad bancaria cotidiana.

Los Bancos Centrales y supervisores también han comenzado a involucrarse en las finanzas sostenibles.

El primero en pronunciarse públicamente sobre los riesgos financieros del cambio climático fue Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra. Ha liderado un grupo de trabajo dentro del G20, el Climate Disclosure Task Force, que diseñó un modelo para la divulgación de las emisiones actuales y la evaluación de cómo afrontan las empresas la transición hacia una economía baja en carbono.  También el Banco de España ha comenzado a anticipar la necesidad de medir las implicaciones financieras de los riesgos derivados del cambio climático. De hecho, el anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética incide en la necesidad de progresar en estos frentes.

Se acrecienta el activismo inversor.

Los inversores están impulsando iniciativas, como Climate Action 100+, que persigue influir en las grandes compañías emisoras de gases de efecto invernadero para que tomen medidas para combatir el cambio climático.  Resoluciones en las Juntas de Accionistas contra ExxonMobil, BP, Shell, demandando un cambio de estrategia para cumplir con el Acuerdo de Paris, así lo demuestran.

Por otra parte, los inversores están incrementado sus inversiones con criterios ESG, a pesar de las denuncias de “greenwashing”, con la creación de fondos de inversión sostenibles y con impacto. Larry Fink, CEO de Blackrock, la mayor gestora de fondos del mundo, comentaba recientemente: “en 5 años todas las inversiones utilizarán las métricas ESG”.

La agenda global en temas ESG y no financieros.

La actualidad en los temas no financieros la marca la agenda global en temas ESG, es decir los aspectos candentes en temas medioambientales, sociales y éticos y de buen gobierno.

Environment

Hay un mayor protagonismo de los riesgos medioambientales. Los temas ambientales dominan la percepción de los principales riesgos globales. Un informe reciente del Foro Económico Mundial muestra que los mayores riesgos percibido hoy en día son los fenómenos meteorológicos extremos, así como el potencial fracaso de los líderes mundiales para abordar la lucha contra el cambio climático antes de que sea demasiado tarde.

El cambio climático va mucho más allá de la energía. Para cumplir el Acuerdo de Paris y limitar el aumento de temperatura a 2ºC, es necesario reducir la intensidad de carbono (emisiones de C02 por unidad de PIB) en un 6,4% anualmente hasta 2100. Sin embargo, la reducción conseguida hasta ahora es sólo de un 1,6% anual. Este gap implicará grandes trasformaciones no solo en el sector energético, sino también en sectores como construcción, automoción o el sector industrial. Estos cambios, en muchos casos, vendrán impulsadas por un aumento de la regulación.

Prepararse para los efectos del aumento de temperatura es también una necesidad, ya que se estima que un incremento de la temperatura media por encima de los 2ºC provocará consecuencias adversas en todo el planeta. Cada dólar que deja de invertirse hoy, implica una inversión de 4,3 $ en el futuro.

Low Carbon Index,Fuente : PwC

Gana relevancia la economía circular. La economía circular supone utilizar menos recursos y desmaterializar la economía.  La Comisión Europea ha aprobado medidas específicas en materia de economía circular centradas en cinco áreas prioritarias: plásticos, residuos alimentarios, materias primas críticas, residuos de construcción y demolición, biomasa o productos bio. La regulación en este ámbito está en proceso de trasposición en España, pero ya hay directivas sobre residuos, envases y embalajes o prohibición de los plásticos de un solo uso que nos cambiarán el entorno de los negocios.

Asimismo, comienza a hablarse de la valoración del capital natural. Se trata de valorar el impacto generado por las actividades de la empresa en el entorno e incorporar las externalidades. Las empresas deberán pagar por flujos e impactos en los ecosistemas, no considerados hasta ahora.

Social

La agenda social viene marcada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una Agenda Global a 2030 acordada por más de 190 gobiernos, con 17 objetivos sociales y medioambientales para mejorar el planeta. Se espera que las empresas aporten su contribución para la consecución de los fines planteados. Toman relevancia los aspectos de equidad y desigualdad relacionados con diversidad, brecha salarial, respeto a los Derechos Humanos, cadenas de proveedores más sostenibles, etc.

Los Millennials, por otra parte, muestran un activismo social mayor, como se ha visto con el movimiento “Fridays for future” contra el cambio climático. Las nuevas generaciones apuestan por empresas con Propósito que compartan sus valores.

Governance

La agenda del Buen Gobierno viene marcada por la transparencia. Un estudio reciente señalaba que el 84% del valor de mercado de las compañías del S&P 500 corresponde a activos intangibles como marca, reputación, salud y seguridad, desempeño ambiental, I+D, satisfacción del cliente, etc. Se hace evidente que el reporting corporativo, basado principalmente en información financiera, es insuficiente y no recoge la información necesaria para satisfacer las necesidades actuales de transparencia.

Aparecen en este contexto, iniciativas internacionales como la Directiva comunitaria sobre información no financiera y diversidad (2014/95/EU) o las recomendaciones del Task Force on Climate Related Financial Disclosures para informar sobre el impacto financiero de los riesgos del cambio climático.

En España la Ley 11/2018 llega tras un proceso largo.

Tardamos 3 años en aprobar un Real Decreto Ley de 2017, que nos alineaba con la Directiva sin demasiadas exigencias. Es un año más tarde, en el proceso de desarrollo de la Ley, cuando se añaden nuevas obligaciones: se aumentan las empresas afectadas, se desglosa mucho más el contenido del Estado de Información No Financiero (EINF) y se añade la verificación de la información no financiera con carácter obligatorio.

Nos hemos convertido en uno de los países con mayores exigencias de trasparencia de Europa. Esto tiene su ángulo positivo, ya que lo que se mide se gestiona y puede aportar ventajas competitivas a nuestras empresas, … sino fuera por los plazos. La Ley 11/2018 salió publicada el 29 de diciembre de 2018, para los informes de gestión de ese mismo año.  Esto ha cogido por sorpresa a muchas empresas y auditores, provocando un alud de peticiones y cuestiones para preparar los EINF y los procesos de verificación de dicha información.

La Ley 11/2018 exige información muy desglosada sobre riesgos sociales y medioambientales, corrupción y soborno, derechos humanos o sociedad, asi como las políticas existentes para mitigarlos y los indicadores claves que indiquen la evolución de los resultados.

Pero la ley no marca comportamientos ni exige disponer de políticas o actuaciones, tan sólo demanda transparencia. Aquí reside el valor de la información no financiera. La obligación de publicar y mantener el EINF durante 5 años, pone a disposición del público comparaciones, análisis y conclusiones que pueden afectar a la Reputación de la empresa.

En resumen, la información no financiera cobra cada vez mayor relevancia para los mercados. El mundo financiero está incorporando los temas ESG en sus decisiones de inversión, observando los riesgos (físicos, regulatorios, de transición, de mercado, etc) derivados de la evolución hacia una economía baja en carbono, circular y más sostenible y anticipando enormes oportunidades en el proceso de transición. Entender el contexto actual en clave ESG es esencial para gestionar los negocios del futuro.

En el próximo artículo comentaré como puede aportar valor a la empresa la información no financiera y algunas pautas para abordar el próximo ejercicio.

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