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Sostenibilidad y competitividad: un falso dilema

En los últimos meses he observado dos perspectivas que conviven en el ecosistema empresarial. Por un lado, en foros con inversores, se percibe una firme convicción en el avance de la transición ecológica y un compromiso real por movilizar capital hacia un modelo económico más sostenible. Por otro lado, en encuentros con directivos y consejeros, aflora cierta fatiga regulatoria y la percepción de que la sostenibilidad ha perdido parte del impulso que había ganado en los últimos años.

No se trata de un retroceso, sino de una pausa para reevaluar prioridades, enfoques y capacidades en un contexto geopolítico cambiante, donde Europa ha reforzado la narrativa de la competitividad, aunque sin abandonar la agenda verde. En este escenario, la CSRD —pese a su ambición transformadora— no siempre está ayudando a consolidar un relato inspirador. A veces, se presenta equivocadamente como un freno a la competitividad, cuando en realidad puede ser una herramienta para mejorar la calidad del reporting y fortalecer la toma de decisiones estratégicas.

No se trata de olvidar la CSRD, sino de volver al propósito original de la sostenibilidad. Lo que necesitamos ahora es sentido común, enfoque proporcional y criterio informado para aplicar los esfuerzos de transparencia de manera eficaz, aportando valor real, facilitando la comparabilidad y generando confianza.

La sostenibilidad no ha perdido valor: sigue siendo una oportunidad estratégica para identificar riesgos, reforzar la resiliencia, innovar y generar impacto positivo a largo plazo. Solo necesitamos no perder la perspectiva: que los árboles no nos impidan ver el bosque.

Un poco de historia: qué buscaba la CSRD

La sostenibilidad corporativa en Europa vivió una transformación con la entrada en vigor de la Directiva de Reporte de Sostenibilidad Corporativa (CSRD). Esta nueva norma, que sustituye a la anterior Directiva de Información No Financiera (NFRD), tenía un objetivo claro: colocar la información no financiera al mismo nivel que la financiera, exigiendo transparencia, rigor y comparabilidad en el desempeño ambiental, social y de gobernanza (ESG) de las grandes empresas.

Para ello, se desarrollaron los European Sustainability Reporting Standards (ESRS): un conjunto de normas técnicas diseñadas para proporcionar información útil a inversores, reguladores y grupos de interés. Sin embargo, la implementación de la CSRD era progresiva y, por ahora, solo ha comenzado para la primera ola de empresas, es decir, aquellas que ya estaban sujetas a la NFRD. Estas compañías han reportado en 2025 sobre su ejercicio 2024.

Una pausa en el camino: la Directiva «Stop the Clock» y el debate sobre el Paquete Ómnibus

En abril de 2025, y en un giro significativo, la Comisión Europea aprobó la Directiva conocida como «Stop the Clock«que aplaza dos años la aplicación de la CSRD para los siguientes grupos de empresas:

  • Las grandes empresas no cotizadas deberán reportar en 2028 (respecto al ejercicio 2027), en lugar de en 2026.
  • Las pymes cotizadas pasarán a reportar en 2029 (respecto al ejercicio 2028), en lugar de en 2027.

El objetivo es claro: aliviar la carga regulatoria y dar más tiempo para que empresas, auditores y reguladores se adapten al nuevo marco. En paralelo, sigue abierto el debate sobre el resto del llamado Paquete Ómnibus, que busca ajustar y clarificar los requisitos de la CSRD y los ESRS ya aprobados. Este paquete, aún en fase de discusión técnica y política, plantea, entre otros, simplificar los contenidos más complejos, eliminar redundancias innecesarias y ajustar exigencias desproporcionadas, especialmente para empresas medianas y pymes.

Este debate será crucial para definir el alcance real y la utilidad del nuevo marco de reporting. Porque, efectivamente, existe una tensión creciente entre proporcionar información útil para la toma de decisiones y no generar una carga excesiva que limite la implementación práctica.

España: entre el EINF y nuevas obligaciones climáticas

Mientras tanto, en España, las empresas continúan reportando bajo el marco establecido por la Ley 11/2018 sobre el Estado de Información No Financiera (EINF), que en muchos aspectos anticipó e incluso superó las exigencias de la normativa europea. A partir de 2026 (para el ejercicio 2025), este marco se verá ampliado con la obligación de publicar la huella de carbono y un plan de descarbonización, tal y como establece el Real Decreto 214/2025. La Directiva CSRD no se ha llegado a trasponer en España, pero la CNMV ha recomendado este año que la información no financiera en las empresas de la primera ola se realizara utilizando los ESRS.

Esta evolución normativa implica un nuevo esfuerzo de integración de distintas capas de reporting, tanto nacionales como europeas. No obstante, las empresas españolas con más de 250 empleados, llevan ya años reportando con éxito el EINF, con sistemas de información verificados y estructuras de gobernanza que han permitido cumplir con los requisitos legales de forma rigurosa y progresivamente más estratégica.

 Aprendizajes de la primera ola de la CSRD

Para analizar cómo están viviendo las empresas esta transición, desde el Foro de Sostenibilidad de EJE&CON, que me honra codirigir, hemos celebrado varios encuentros durante abril y mayo en Madrid y Barcelona para compartirlas primeras experiencias con la CSRD.  Más de 80 profesionales de empresas como Telefónica, Naturgy, Arteche, EDP, CaixaBank, Fluidra, Santander, Abertis, Cox, Banco Sabadell, Criteria o Sacyr compartieron sus experiencias, retos y aprendizajes.

Algunas conclusiones destacadas:

🔹 Doble materialidad: Clave para priorizar impactos y riesgos y acercarlos al negocio, pero también una de las tareas más complejas. Es fácil caer en un enfoque excesivamente técnico que desconecte del negocio si no se aplica con sensatez.

🔹 Estrategias de cumplimiento: Muchas empresas han aprovechado las disposiciones transitorias para diferir ciertos contenidos, mientras otras han optado por elaborar informes más narrativos para públicos no técnicos.

🔹 Multiplicidad de marcos: La convivencia del EINF, los ESRS y otros marcos sectoriales o indicadores individuales ha generado cierta confusión, aunque también ha impulsado una reflexión útil sobre la calidad y trazabilidad de los datos.

🔹 Verificación: La auditoría limitada requerida por la CSRD ha puesto de relieve la necesidad de reforzar controles internos. La falta de criterios homogéneos entre auditores en este primer año ha sido una dificultad compartida.

🔹 Gobernanza: Las áreas de sostenibilidad y finanzas han liderado el proceso, mientras el Consejo de Administración ha tenido un papel crucial, sobre todo en la formulación del nuevo informe CSRD y la validación del análisis de doble materialidad y los planes de transición climática.

Una conclusión común: la planificación y anticipación son fundamentales. Iniciar pronto, construir bases de datos sólidas, aplicar sentido común y hacer benchmarking con otras empresas del sector son factores determinantes para el éxito del proceso.

La sostenibilidad como motor de competitividad, no como carga

La CSRD no es el fin, ni el único camino. La sostenibilidad debe entenderse como una palanca de transformación, innovación y resiliencia, no como una mera obligación de cumplimiento. Si se aborda únicamente desde el compliance, se corre el riesgo de invertir recursos sin generar valor. Pero si se alinea con la estrategia de negocio, puede convertirse en una ventaja competitiva real.

En este contexto, el Consejo de Administración juega un papel decisivo. Tiene la responsabilidad de garantizar una supervisión informada y de transformar las obligaciones normativas en oportunidades de innovación. Esto requiere desarrollar nuevas competencias en materia ESG, tanto a nivel técnico como en el ámbito de la gobernanza.

Conclusión: no perder el foco

Estamos ante una etapa clave en la evolución del reporting corporativo en Europa. La CSRD aspiraba a ser un verdadero cambio cultural en la forma en que las empresas entienden y comunican su impacto. Aunque el camino es exigente, las experiencias de las compañías pioneras ya ofrecen una hoja de ruta clara: empezar pronto, aplicar sentido común y alinear la sostenibilidad con la estrategia y la gobernanza.

No dejemos que el debate sobre la simplificación o la carga regulatoria nos haga perder de vista lo esencial: la sostenibilidad sigue siendo una oportunidad estratégica para mejorar procesos, identificar riesgos y oportunidades, fortalecer la confianza y generar valor.

Mª Luz Castilla Porquet
Consejera y estratega empresarial 
sostenibilidad@mariluzcastilla.com