Comienza la pre-COP en Brasil, con una serie de encuentros centrados en la financiación sostenible que marcarán el camino hacia la Cumbre de Belém (COP30). En un escenario global complejo, donde Estados Unidos se aleja de los compromisos multilaterales, se espera que esta edición refuerce el papel clave de la financiación climática como motor para una transición justa y efectiva.
El reto de la financiación se debatió ya en la Cumbre de Sevilla, la Cuarta Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo (FFD4) de Naciones Unidas, celebrada el pasado mes de julio, en la que tuve la oportunidad de participar. Se firmó el Compromiso de Sevilla, cuya implementación debería permitir reformar la arquitectura financiera internacional y aumentar la inversión para cerrar la brecha de financiación para el desarrollo sostenible.
En octubre, desde el Foro de Sostenibilidad de EJE&CON, que dirijo, organizamos un Diálogo sobre Finanzas Sostenibles con más de 25 profesionales de referencia en sostenibilidad y finanzas entre las que se contaban representantes de banca, PRI, SpainNAB, corporaciones y fondos de capital.
Estos debates se centraron en analizar el contexto actual de la inversión sostenible, el papel del sector privado en la financiación del desarrollo sostenible y los mecanismos necesarios para movilizar capital hacia la acción climática y los ODSs, en un entorno cada vez más complejo, exigente y marcado por la evolución regulatoria y la geopolítica.
Reflexiones compartidas
Comparto aquí algunas de las conclusiones comentadas para ir calentando motores de cara a la COP30:
1. Crecimiento de la inversión sostenible.
El mercado global de inversión sostenible, según Morningstar, mostró una sólida recuperación en el segundo trimestre de 2025, con entradas netas de 4.900 millones de USD y un aumento del 10 % en los activos bajo gestión, que alcanzaron los 3,5 billones. Europa lideró esta tendencia, impulsada por la confianza renovada de los inversores y una fuerte innovación en productos, con 72 nuevos fondos y numerosos ajustes conforme a la normativa ESMA.
Aunque el tercer trimestre registró salidas netas debido a un evento puntual en el Reino Unido, el mercado se mantuvo resiliente: los activos crecieron un 4 % hasta los 3,7 billones, apoyados por la apreciación del mercado y la estabilidad en las valoraciones. Las estrategias de renta fija cobraron protagonismo, atrayendo capital hacia productos sostenibles más estables y generadores de ingresos. En conjunto, el periodo refleja una etapa de consolidación y madurez para la inversión sostenible, tras años de fuerte expansión.
No obstante, esta tendencia aún no se ha trasladado con fuerza al inversor minorista, y el sector bancario mantiene un enfoque limitado en el desarrollo y promoción de estos productos.
2. Fatiga regulatoria y necesidad de innovación.
La sobrecarga normativa ha generado cierta “fatiga ESG”, asociando sostenibilidad con cumplimiento. Se reclama más innovación, nuevas narrativas y una visión que vincule sostenibilidad con negocio y competitividad, más allá del marco regulatorio.
3. Inversión de impacto.
En este contexto difuso, la inversión de impacto consolida su posición como una opción que combina rentabilidad financiera y valor social, confirmando su madurez como segmento del mercado.
4. Financiación para el desarrollo.
Aunque algunos bancos avanzan activamente, sigue siendo necesario escalar las soluciones mediante blended finance y fomentar la colaboración entre bancos, fundaciones y ONG, que conocen mejor los riesgos reales sobre el terreno. Avanzar hacia una contabilidad social se perfila como un paso necesario.
5. Sectores tractores.
Las industrias más intensivas en carbono —como el transporte— se reconocen como piezas clave para acelerar la inversión sostenible. Su descarbonización es condición indispensable para garantizar acceso futuro a financiación y seguros.
6. Marco regulatorio.
El marco europeo ha sido un catalizador para la transformación sostenible, pero se subraya la necesidad de mantener el equilibrio: impulsar la transparencia sin frenar la innovación ni sobrecargar a las pymes.
7. Reconocimiento internacional.
La reciente Cumbre de Sevilla – Cuarta Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo (FFD4) fue valorada muy positivamente. Su Acuerdo de Sevilla (punto 34) refuerza la movilización de capital privado hacia el desarrollo sostenible y las finanzas responsables. No obstante, se considera necesario reforzar la presencia y el liderazgo del sector financiero internacional en la próxima edición prevista para 2030.
8. Transparencia y reporting.
Los requisitos de divulgación son esenciales para canalizar flujos financieros sostenibles. No obstante, se advierte que simplificar en exceso puede ser contraproducente: se propone racionalizar contenidos y formatos, sin reducir el alcance de las empresas que deben reportar. La sostenibilidad debe integrarse en el negocio, no limitarse a un ejercicio de compliance.
9. Países en desarrollo.
Se insistió en la necesidad de coordinar mejor los fondos de infraestructuras e integrar capital concesional, para fortalecer los ecosistemas financieros sostenibles y atraer inversión privada.
Mirando al futuro
Las próximas semanas, con la COP30 como telón de fondo, estarán marcadas por intensas discusiones sobre clima, financiación y compromisos internacionales. Este escenario puede generar un nuevo impulso global, pese a un contexto desafiante, con Estados Unidos adoptando una postura de retirada que dificulta los esfuerzos multilaterales.
Los encuentros previos han dejado una visión optimista: la inversión responsable entra en una etapa de consolidación, no de retroceso. El mercado muestra signos de madurez y una reorientación selectiva tras años de expansión acelerada. Esta tendencia positiva se mantiene, impulsada por la urgencia de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible —de los cuales solo se ha alcanzado un 17 %— y por la creciente convicción de que la sostenibilidad es ya una palanca estratégica de competitividad.
Como se destacó acertadamente, “It is not about politics. It has always been about demographics.” Los grandes desafíos del desarrollo sostenible no son ideológicos, sino estructurales: desigualdad, migraciones, cambio climático y cohesión social. Y en este contexto, las oportunidades empresariales persisten: quienes sepan anticipar estos retos y ofrecer soluciones sostenibles estarán mejor posicionados para innovar, crecer y generar valor a largo plazo. Solo una financiación sostenible, innovadora y colaborativa permitirá afrontarlos con éxito.
Confiamos en que la COP30, a pesar de sus dificultades, logre generar compromisos ambiciosos que sigan trazando el rumbo hacia una inversión sostenible más sólida y transformadora.

Mª Luz Castilla Porquet Consejera y estratega empresarial sostenibilidad@mariluzcastilla.com